Si hay algo que los neoyorquinos entienden, es la presión implacable de la lista de «cosas por hacer». Pero mientras nosotros estamos acostumbrados a hacer mil cosas a la vez en el metro, el colectivo australiano Pony Cam lo lleva a un extremo sádico y hilarante. Su fenómeno teatral, Burnout Paradise, se representa en el Astor Place Theatre y es el único espectáculo de la ciudad donde el agotamiento físico de los intérpretes es el plato fuerte.
Lo que está en juego: completar la lista o devolver el dinero al público

La premisa es una apuesta de alto riesgo: cinco intérpretes tienen exactamente una hora para completar una serie de tareas cada vez más absurdas. ¿El truco? Tienen que hacerlo todo mientras corren a toda velocidad en cintas de correr.
Desde cocinar una comida completa de tres platos hasta lidiar con la burocracia de una solicitud de subvención, las tareas son implacables. Y en una ciudad a la que le encantan las gangas, aquí está el gancho: si no terminan todo lo de la lista antes de que el reloj llegue a cero, el público puede pedir que le devuelvan el dinero.
De hecho, hay mucho espacio para la participación del público (tanto o tan poco como quieras) para ayudar a los artistas a tachar cosas de su lista de tareas. ¿Se le puede pedir al público que ayude a beber una cerveza de un trago (¡sí, por favor!), encestar una canasta o incluso pelar una cebolla?
Burnout Paradise es más que un simple número; es una representación brillante y caótica de la vida cotidiana en Nueva York.
Planifica tu noche en Astor Place

Esta producción del galardonado colectivo australiano Pony Cam es la inyección de adrenalina perfecta para una noche animada.
- Lugar: Astor Place Theatre (NoHo, Manhattan)Precio: Las entradas empiezan en unos asequibles 39$.
- El ambiente: Lleno de energía, experimental e innegablemente «neoyorquino».
- Edades: Recomendado a partir de 8 años (Nota: No se admite a niños menores de 4 años).
Los neoyorquinos se identifican con esa carrera frenética y a toda velocidad hacia una meta que no deja de alejarse. Ver a los intérpretes sudar, tropezar y luchar es a la vez ridículamente divertido y profundamente identificable para cualquiera que alguna vez haya sentido que corre en el mismo sitio solo para no quedarse atrás.
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