Uno de los locales más nuevos de Williamsburg ya está llamando la atención con un punto de interés inesperado: una exposición de arte marino vivo situada justo detrás de la barra.
El espacio se integra físicamente con su vecino, la fundación de arte contemporáneo Amant, mediante una discreta puerta trasera que conecta el restaurante con la galería. El resultado es un intercambio fluido, casi imperceptible, entre la mesa y la exposición, donde los comensales pueden pasar, literalmente, de la cena a una muestra de arte sin salir al exterior.
En el centro de todo está Satellite, una obra del artista francés Pierre Huyghe y la versión más grande de su serie de acuarios«Zoodram». Transforma el bar en algo más parecido a un ecosistema luminoso que a un simple telón de fondo, donde la luz, el movimiento y la biología reescriben constantemente la escena.
Dentro de tanques iluminados, un elenco cambiante de vida marina —cangrejosherradura, cangrejos flecha, anémonas de mar y peces—se desplaza por un entorno que nunca se estabiliza del todo. El efecto es hipnótico e inestable en el mejor sentido: una composición viva que se niega a repetirse.
Según Nick Pilato, director ejecutivo de Amant, el proyecto se concibió como un espacio cultural híbrido, construido para disolver las fronteras entre comer, contemplar y quedarse un rato: un entorno diseñado menos para visitas rápidas que para una inmersión pausada, donde la comida se convierte en parte de un encuentro más amplio y en constante desarrollo.
El arte de cocinar
El programa culinario está dirigido por el chef ejecutivo Ned Baldwin, que aborda la cocina con la misma intención y disciplina que definen el espacio de la galería que lo rodea. Traza una línea clara entre el lenguaje visual del arte y el arte culinario en el plato, haciendo hincapié en un estilo de cocina basado en la precisión, la moderación y el respeto por los ingredientes.
En esencia, el menú se basa en la procedencia y la técnica, más que en el exceso. Baldwin y su equipo se centran en ingredientes bien seleccionados y manipulados con cuidado, lo que hace que cada plato resulte deliberado en lugar de decorativo. una extensión comestible de la obra creativa que se desarrolla al lado.
Su consejo para los comensales es sencillo: ven con hambre.
La carta se decanta por platos generosos para compartir, especialmente en la sección de marisco, donde las preparaciones de pescado entero cobran protagonismo. Espera platos visualmente impactantes como la lubina entera, junto con cuencos de mejillones, salchichas caseras, crujientes ensaladas de temporada y patatas fritas doradas que aportan un toque más familiar a la mesa. La carta de bebidas sigue el ritmo de la frescura de la comida, apostando por spritzes con notas cítricas diseñados para resultar tan animados como el propio local.
En conjunto, la experiencia difumina la frontera entre la galería y el comedor, tratando la comida no como una pausa del arte, sino como parte de él, otro medio en la misma conversación.
Zoli está abierto actualmente en el 312 de la calle Maujer.